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Roles de Guerra

¿Cómo trasladar la guerra a los Juegos de Rol?

Toda buena historia ha de contar con un buen conflicto. Como individuos, pese a estar ligados al resto de miembros de nuestra especie, buscamos la supervivencia, la diversión, el bienestar y sobre todo, la adaptación. Gozamos adaptándonos, encontrando problemas y resolviéndolos con métodos de lo más variopintos. Somos, ante todo, una especie que no cesa en cuestionarse a sí misma para, finalmente, medrar.

Los juegos de rol, como otros muchos recursos, nos aportan la capacidad de emular una suerte de circunstancias, contextos y realidades, así como tratar de encontrar soluciones a nuevos problemas con los que no hubiésemos contado previamente. En definitiva, una forma de vivir más de lo que nos ha sido permitido desde un inicio.

Por suerte o por desgracia, otra cualidad que poseemos como especie es la de simplificar las cosas para favorecer así su asimilación. Entendemos por guerra el simple estallido de violencia entre dos o más potencias; la magnificación de la palabra “desacuerdo” por antonomasia, que tanto dolor ha traído de la mano.

Pero, si tan mala es la guerra… ¿no hacemos mal al recrearnos en ella?
Pues bien, de entre todas las máximas que nos acompañan desde nuestros albores, la guerra es una de las más constantes. Así, aprender sobre ella solo puede traernos ventajas. Unas ventajas que veremos al final de este artículo.

“Si conoces a los demás y te conoces a ti mismo, ni en cien batallas correrás peligro; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, perderás una batalla y ganarás otra; pero si no conoces a los demás ni te conoces a ti mismo, correrás peligro en cada batalla.”
—Sun Tzu.

Caldo de Cultivo

Si nos ponemos a analizar las guerras, podemos sacar una serie de circunstancias que se repiten en todas y cada una de ellas. Tomando todas esas similitudes y elaborando nuestro propio esquema informativo, nos resultará mucho más sencillo comprender todas las posibilidades que, a nivel interpretativo, puede ofrecernos el viejo arte del finamiento forzoso.

Una sociedad enfrentada:

No hay guerra sin antes haber sido establecidos sus bandos. En la vida real, resultan ser mucho más complejos que los de cualquier película, pues sus actores cambian constantemente y su contexto social también. Enfrentar a una sociedad es tan simple o tan complejo como ofrecer diferentes caminos para asegurar su supervivencia y que cada uno, respectivamente, vea como una amenaza la propuesta contraria. En nuestra sociedad actual podemos ver este tipo de divisiones entre derecha e izquierda, republicanos y demócratas, chiítas y sunitas… y un largo etcétera (un simple Madrid-Barça y toda la tensión y agresividad que puede generar basta para comprenderlo).

Conflicto entre poderes establecidos:

Las divisiones dentro de la población no ocurren por hechos al azar. No hablamos de casualidades o disputas con imposible solución, como tendemos a creer cuando pensamos en una guerra en la que ambos bandos puedan estar catalogados como “buenos”. Esos poderes, en forma de gobiernos o no, ejercen una presión sobre los propios recursos dentro de su territorio. Así, es fácil comprender que, para mantener y mejorar su posición con respecto a los recursos (propios o ajenos), se trate de generar una disputa violenta para la que, llegado el momento, el apaleado pueblo no sea capaz de encontrar solución pacífica.

Un detonante:

Todo está escrito en cuanto a cómo los países de nuestro mundo han tratado el tema del detonante. Por supuesto, las personas tenemos un sentido fuerte de la proporcionalidad y, pese a acumular discrepancias para con quienes nos rodean, no estamos dispuestos (por normal general) a crear un conflicto violento de ello.

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Entonces… ¿cómo conseguirlo? Para ello, países como EE.UU o España bien conocen los llamados “atentados de falsa bandera” en los que un territorio finge haber sido atacado por su rival para, así, justificar su posterior ataque y conquistar zona, recursos y ciudadanos a los que cobrar impuestos. Como veis, los detonantes de las guerras no siempre son “juego limpio”.

Cumpliéndose estos tres requisitos, estaremos ante un gran número de posibilidades de presenciar una nueva masacre de derechos humanos. Y por ello, si deseamos imprimir cierto realismo a nuestras ficciones roleras, dominar su introducción en las partidas no supone más que beneficios.

Prototipos de Trama

Por aquello que comentábamos de simplificar las cosas, tendemos a imaginar y también a interpretar la guerra como un combate táctico entre tropas masivas. Casillas, formaciones y dados, dados y dados. Gozamos del más puro estilo de enfrentamiento, tratando de aprovechar el mayor impacto visual y agilidad de guión cuando, en realidad, la guerra en sí nos ofrece un abanico enormemente amplio de posibilidades.

Migraciones:

Como podréis imaginar, aquellos que solo tratan de vivir en paz, tienden a coger las maletas una vez se instala la guerra en casa. Ante la aparición de grupos paramilitares, guerrillas y todo tipo de mafias, las opciones de abandonar el lugar cada vez son más escasas si uno pretende hacerlo por su cuenta. Contar con la ayuda de esas mafias que, probablemente, han favorecido a semejante situación a falta de una mejor opción para poder escapar del horror y la barbarie y conseguir así una salida segura o un chaleco salvavidas.

Huída:

No siempre se trata de combatir al enemigo. A veces, las cosas se tuercen demasiado y las personas de a pie no tienen ninguna intención de combatir al temido adversario. Quienes viven de la guerra conocen el poder del miedo, y lo aplican al campo de batalla amenazando con todo tipo de vejaciones a los oponentes tomados prisioneros. Cuando huir es la única opción viable, no importa si ha de cruzarse las montañas de Kandil o correr sin mirar atrás para al fin cruzar la frontera que separa las dos Koreas.

Public Domain

Enrolamientos forzosos:

A veces, es la simple y llana cuestión de estar en el momento y la hora equivocados. Familias enteras viven hoy día, mientras lees este artículo, sumidas bajo las reglas y directrices del conocido como Daesh, quienes han recuperado una ley moral-religiosa proveniente del siglo VIII. ¿Cómo ha de afectar eso a una persona de bien? ¿Qué clase de barbaridades tendrá uno que hacer para probar su lealtad y mantenerse con vida? Quizá pueda parecernos algo imposible el que una buena persona quite la vida a un inocente, pero cuando uno tiene hijos, hermanos, padres o cualquier tipo de relación afectiva, conoce la respuesta.

Ayuda Humanitaria:

Ellos siempre están ahí. En todas y cada una de las guerras que día tras día visitan nuestro telediario, ahí están esos grupos de voluntarios que no solo viven por y para los demás, sino que en muchos casos, también mueren por ellos. Alejándonos cada vez más del mítico “mata-mata” en el que simplemente buscamos la forma más eficiente de causar bajas a un enemigo, podemos abrazar la idea de restablecer las funciones básicas de un campamento de refugiados (higiene, comida, agua, medicación, seguridad, educación).

Estilo Mercenario:

Muchos grupos paramilitares formados por sicarios, ex soldados y demás combatientes terminan sirviendo a los intereses de uno u otro país sin, probablemente, saberlo. Las agrupaciones militares de carácter privado como, por ejemplo, Academi (antiguamente llamada Black Water, en referencia al petróleo), han servido para todo tipo de intereses de dudosa moralidad como, las actividades de la macro-farmacéutica Monsanto allá por el sur, en tierras africanas.

Objetivo

A la hora de contar una historia, sea en el formato que sea, nada más importante que el “por qué”. ¿Qué quiero contar con mi aventura? ¿Cuál es el porqué de todo esto? La guerra, como otras muchas cosas en nuestra vida, es algo que preferiríamos dejar olvidado debajo de la alfombra del salón. Aprendiendo de ella nos damos cuenta de que, para empezar, una guerra como tal necesita de fanáticos que crean en vez de pensar. Que decidan vivir por y para dicha causa. Por ello, nada más importante que saber qué queremos transmitir con nuestra historia.

Los fines didácticos están asegurados para nuestros jugadores pues, cuanto más nos adentremos en los roles de la guerra, más cuenta nos daremos de lo inútil e injusta que resulta al ser capaces de echar un vistazo entre sus entrañas y sacar a flote todos esos factores (normalmente económicos) que la generan.
La vida es una enorme partida de rol y la mejor forma de asegurarnos unas buenas tiradas de dados es dudar de todo cuanto podamos. A fin de cuentas, nada dura para siempre (ni siquiera la guerra).

Juzgad siempre por vosotros mismos.

Todas las imágenes incluidas en el artículo son de dominio público. Fuente: Wikipedia
Un tipo de mundo que desde muy joven ha procurado echarse la mochila al hombro y recorrer España y sus rincones, con sus historias y entresijos. Trabajo en el ámbito de la redacción y corrección de textos. Como dijo Huracán Carter, “la escritura es un arma; y es más poderosa de lo que jamás podrá ser un puño”

3 Responses

  1. Alvaro Prada 04/02/2016 / 15:47

    Interesante artículo. Precisamente estaba yo pensando en este tema, pero desde otra perspectiva.

    • Funs 04/02/2016 / 20:49

      Desde que perspectiva?

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