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Llamadme paranoico

Para poder entender qué motivos me han llevado al estado de paranoia personal estos últimos días debo explicaros antes unas vivencias un tanto peculiares.

Rondaban los años 90; vivíamos una época dorada de rol. Éramos jóvenes estudiantes con mucho tiempo libre y pocos recursos económicos que suplimos con muchas ganas de jugar a ese nuevo juego que nos permitía explorar nuestra imaginación hasta niveles que ni siquiera nosotros sabíamos que éramos capaces. En Barcelona, una ciudad no muy lejana de la mía, se hacían convenciones multitudinarias de rol.

Con tan solo unos libros fotocopiados de otros libros fotocopiados… éramos capaces de crear partidas increíbles que quedaron grabadas a fuego en nuestros corazones. Nuestro primer juego fue Rolemaster en inglés y para sorpresa de los jugadores que hoy en día les parece farragoso por el tema de tablas, nosotros buscábamos esos míticos Companions como fuere para poder ampliar más el juego con nuevas tablas, correcciones y profesiones.

Perdón, que me dejo llevar por la nostalgia de recordar días pasados.

En lo que al tema se refiere,  en los pasillos de nuestro humilde instituto, un instituto creado en un barrio muy marginal, creado por profesores por vocación que creían que un barrio se podía cambiar con la educación de las nuevas generaciones al más puro estilo de una película americana, muchos de los estudiantes conversaban de sus partidas roleras, pues no éramos pocos los que jugábamos a estos juegos, aunque ni de lejos éramos mayoría, sí una minoría significativa. El hecho que aconteció en esos días fue que un estudiante se encerró en su casa alegando que otros estudiantes le hacían magia, y que había escuchado que combatían con demonios… y cualquier otra cosa que pudiera malinterpretar de una charla apasionada de una buena partida rolera sin censuras. El caso es que los padres denunciaron a la policía, que se presentó en el instituto. Los profesores nos pidieron que no hablásemos de rol dentro del instituto, nos invitaron a dejar de hacer las partidas de El Señor de los Anillos en las clases de inglés, que por cierto jugábamos en inglés y el hecho de que nos esforzásemos en buscar vocabulario y practicarlo fue lo que animó al profesor a seguir con esa iniciativa que le propusimos de forma inocente. También nos comentó la directora que la policía estaba investigando el asunto y podría ser que nos investigaran a los jugadores de rol, y es aquí donde con la inocente juventud nos lo tomamos a broma día tras día. La verdad es que el tiempo pasó y el asunto evidentemente quedó en nada.

Después vinieron tiempo oscuros con el mal llamado “El asesinato del rol”; el 30 de abril de 1994, un enfermo mental mató un hombre a sangre fría y en maldito día se le ocurrió decir en su defensa que estaba jugando a rol. La sociedad se alarmó al descubrir que estaba rodeada de gente que practicaba una afición que no conocía y se dejó influir por unos medios sensacionalistas que sacaron de contexto los juegos en pro de la noticia sensacionalista. Recuerdo los interrogatorios interminables de los familiares y conocidos que te miraban con incredulidad mientras intentabas explicarles en qué consistía los juegos de rol, sintiéndote como un predicador que va puerta por puerta en un edificio de conversos.

Fueron pasando los años y las aguas se calmaron otra vez, hasta llegar al 2000; los de mi club por aquel entonces estábamos ya acostumbrados a pasar de local en local como sede de nuestras actividades lúdicas, hasta dar con el mejor local que hubiéramos tenido. Se trataba de un local enorme con varias salas, buhardilla de madera, patio, todo esto en el centro de la ciudad, justo debajo de la antigua comisaría de policía municipal. Lo mejor de todo era que el único vecino que teníamos era muy sordo y ponía la radio más alta que nosotros.

En un día cualquiera de camino a nuestro paraíso rolero particular, caminaba por la calle acompañado de mi buen amigo J. C. C. y nos percatamos que desde las ventanas de un segundo piso alguien hacía fotos, nada sospechoso en un principio, hasta que al percatarse de que lo mirábamos bajó la cámara con cara de asombro y bajó la persiana a toda velocidad. No tardamos en comentarlo en el pleno del club al cual estábamos convocados y para sorpresa nuestra varios de los asistentes también habían visto cómo les hacían fotos.  Bueno, no estábamos haciendo nada malo, si nos investigaban debería ser porque no sabían que hacían un grupo de jóvenes en un local todo el día encerrados. No le dimos más importancia y los días dieron paso a los meses y estos a los años sin más novedad.

Con el tiempo formé una familia y tuve una hija preciosa. En una visita de tutoría de la guardería se me ocurrió decir que en casa jugábamos a rol, y la profesora me explicó que a su cuñada, menor de edad, la habían encontrado muerta hacía un par de años y la policía al no encontrar móviles posibles ni culpables les dijeron que había sido víctima de un juego de rol, imaginaos mi indignación, pero era de entender que esa señora no quisiera escuchar mi explicaciones de las bondades de los juegos.

En 2013, creo recordar, volvíamos de jugar una sesión en casa de una amiga en un pueblo cercano , una de esas crónicas interminables de Rolemaster que llevábamos jugando desde el 2000 y que dirigían mi gran amigo J. C. C. Éramos cuatro jóvenes a las cuatro de la mañana en el Audi A4 de mi amigo R. B. Íbamos comentando la partida que había sido apoteósica, tan animada era la charla que se pasó la salida habitual, al llegar a la siguiente que daba a una rotonda, nos encontramos un gran dispositivo de control de los mossos d´escuadra.

—¿De dónde vienen? —preguntó el mosso d´escuadra que parecía estar al mando mientras nos iluminaban con linternas directamente a la cara.
—De casa de una amiga —contestó el conductor.
—¿Vienen de fiesta?
—NO.
—Entonces, ¿de dónde vienen a estas horas?
—De casa de una amiga.
—¿De fiesta?
—No. De jugar a rol y este de aquí detrás ha matado a un dragón negro.

¿Se imaginan lo que pasó después? Porque yo no me lo esperaba.

Lejos de felicitarme por tal hazaña, nos trataron como a delincuentes peligrosos en una película policíaca. El conductor primero, con los brazos extendidos en el capó y las llaves encima del coche fue cacheado minuciosamente. Luego fuimos saliendo uno por uno. Yo estaba con los brazos y piernas en cruz con un agente a cada lado, con los pies entre mis piernas listos para tirarme al suelo en cualquier momento mientras un tercero me cacheaba. Otro de los agentes registraba mi mochila, y no paraba de preguntarme si se podía quitar los guantes para el registro, a lo que no accedí, evidentemente; quería ver cómo abría mi bolsa de dados que tiene unos cordones de cuero anudados con los guantes; además, si no dejo a mis amigos de toda la vida tocar mis dados, a él menos. Como no encontraron en las mochilas más que dados, fichas y libros de rol procedieron a registrar el coche a fondo mientras nosotros esperábamos sentados en el bordillo de la rotonda. Pasamos de una charla animada entre amigos de una partida genial a un silencio absoluto. Nos trataron como delincuentes. Nos sentíamos violados moralmente y lo que es peor, no me felicitaron por la hazaña con el dragón.

Ya explicados los precedentes de nuestro club, paso a relatar lo acontecido en la actualidad.

En la última semana estaba preparando un partida de un módulo que adquirí por Internet, una partida policíaca en busca de un psicópata que grababa snuff movies. Después de preparar listas de reproducción, imágenes para mostrar, preparar las luces naranjas intermitentes para las escenas policiales, etc. se me ocurrió buscar en Youtube alguna escena de una snuff movie para mostrar durante la partida, es un buscador público y no debería haber nada peligroso más allá de alguna escena sacada de alguna película o algún montaje amateur. Al mirar la primera selección de vídeo que me mostraba Youtube ya me di cuenta que eso me iba a remover la tripas y no tenía el día, además algo me decía desde el primer momento que andar buscando según qué cosas por internet no era buena idea. Imagínate que explicaciones tendría que dar si investigaba la policía la búsqueda de este tipo de vídeos.

Al día siguiente estando en el trabajo me llama mi mujer muy asustada: “¿a que no sabes qué ha pasado?”. Me relata la historia con todo tipo de detalles. Primero llega un comercial del gas de estos que si pasas la factura con su compañía te sale “teóricamente” más barato. Mi mujer lo despacha amablemente pues ya estamos cansados de que nos tomen el pelo este tipo de comerciales. A los 15 minutos de marchar el comercial vuelven a llamar a la puerta. Mi mujer abre asombrada, no hay nadie delante de la puerta… Sale para mirar el pasillo y se asusta al encontrar 4 mossos d´escuadra de uniforme y 6 policías de secreta en fila ocupando todo el pasillo. Resulta que la compañera del comercial había llamado a la policía diciendo que un vecino había salido con un cuchillo en mano amenazándolo y que había sido en mi piso. Interrogaron a mi mujer, le pidieron fotos mías para descartarme, ya que estaba trabajando. Hablaron con mi hija para descartar que ocultase un psicópata o estuvieran en peligro, pero resulta que la señora con los nervios se había equivocado de piso, según mi mujer fueron al piso que realmente había sido el incidente y al no encontrarlo se fueron diciendo que ya tenían la descripción.

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Y aquí empieza mi paranoia, ¿no habrán buscado la ip del que realizó la búsqueda de las snuff movies e hicieron el montaje para conseguir la descripción del hombre de la casa? Y me preguntaba, ¿qué les diría? ¿Que estaba preparando imágenes para una partida de rol? ¿Está realmente preparada la sociedad para poder decir la verdad sin parecer un psicópata peligroso? ¿Es todavía un móvil recurrente para la policía para darle carpetazo a esos casos que no tienen ni idea de cómo resolver?

Todo esto se me pasaba por la cabeza de camino de vuelta a casa. También pensaba que solo faltaría que la policía me vigilase cuando llegase a mi ciudad. Llegué al callejón habitual de siempre, donde habitualmente encuentro aparcamiento a las horas tardías a las que suelo llegar, y ¿a que no sabéis quién apareció? Un coche de policía municipal. Aparcaron al principio del callejón y se quedaron dentro del coche como el que hace guardia, mientras yo recogía y me marchaba para casa.

A día de hoy estoy convencido que no es más que una mera coincidencia, pero la paranoia momentánea que viví me hizo reflexionar sobre si la sociedad en general conoce realmente los juegos de rol hoy en día, o por el contrario, la policía podría convertir el rol en el móvil del nuevo escándalo mediático.

Todavía no sé quien soy. En mi camino por la vida hago de padre, marido, marinero, hago de encargado en una constructora para ganarme la vida… Mis pasiones : pintar miniaturas y sobre todo jugar o dirigir rol. Nada me llena más que pasar un buen rato con la gente que quiero.

2 Responses

  1. Runeblogger 20/10/2016 / 23:16

    Uf, esto pone un poco los pelos de punta. Espero de veras que esa paranoia sea totalmente infundada y que, realmente, solo fuera una mala coincidencia.

    • Oscar Peña 21/10/2016 / 12:42

      Con el tiempo parece ser meramente un mala coincidencia.

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