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La profesionalidad en el mundo del Rol

A lo largo de esta temporada de mi proyecto he tenido ocasión de sentarme a charlar virtualmente durante un rato con no pocos autores de rol nacionales, organizaciones independientes que producen juegos así como con algunas de las editoriales que comercializan títulos destinados a llenar las estanterías de la afición. Ese proceso me ha llevado a entender mejor algunas cosas y, la verdad sea dicha, a cambiar mi opinión sobre otras; concretamente me gustaría poner sobre la mesa un debate que toca a muchas personas como es el de la profesionalidad en el mundo del rol.

Primero, claro, toca mojarse. ¿Qué es la profesionalidad? Para mí ser profesional en algo es hacer ese algo bien. Mientras tanto la RAE, a la que en alguna ocasión he escuchado apelar como referencia, nos sugiere dos interesantes significados de la palabra:

1. f. Cualidad de la persona u organismo que ejerce su actividad con relevante capacidad y aplicación.

2. f. Actividad que se ejerce como una profesión.

La cosa se pone interesante. Parece que más allá de lo que yo pueda opinar, se puede afirmar que profesional es quien ejerce una actividad de forma destacada, pero también el que puede decir que se dedica a ella todos los días. Entonces… ¿podemos hablar de que hay profesionalidad en los juegos de rol?

Desde luego que sí.

Hace un par de años tenía serias dudas de que personas que no fuesen editoriales pudiesen completar proyectos con éxito, precisamente por esa lectura de “las editoriales se dedican a esto, saben de qué va”. Esto es cierto, ya que más allá de que nos guste más o menos un juego o su acabado, está claro que durante años todas y cada una de ellas han producido grandes obras, y desde esta óptica considero justo afirmar que suelen hacer bien su trabajo. Con todo, para mí ya no existe una línea divisoria entre lo que una editorial puede hacer y lo que cualquiera con tiempo, ganas y muchísimo trabajo puede conseguir. Hemos visto en España notorios éxitos en ese sentido, y por supuesto esto también se produce más allá de las fronteras de nuestro país.

Dichos juegos nos pueden parecer mejores o peores, pero en honor a la verdad creo que no tienen nada que envidiar a las producciones editoriales, si acaso no las superan a menudo. En la carrera por publicar los mejores juegos de rol a veces son las editoriales quienes se ponen en cabeza (FATE en paga lo que quieras, Fiasco o Dungeons & Dragons en su última edición) hasta que, de repente, viene un autor que monta un proyecto y se marca un tanto que le hace desmarcarse (La Puerta de Ishtar, Walküre o Fragged Empire). En ese sentido la línea que separa lo profesional de lo aficionado me parece difusa, al menos si consideramos que para ser profesional uno debe hacer de esto su medio de vida (como se comentaba en esta mesa redonda que organicé). Sobre todo porque vivir del rol parece algo difícil de conseguir. Por suerte existen otras motivaciones para crear, aunque ese tema bien daría para otro artículo.

Acercando un poco más el plano, vuelvo a insistir en mi definición que he dado al comienzo de estas líneas, por supuesto sin pretender sentar cátedra con ello, y me reafirmo: si el resultado es bueno, el trabajo es profesional.

Entrando en este debate nos lanzarán un argumento como este: si tuvieras que ponerte en manos de alguien para solucionarte una lesión, ¿se lo pedirías a un médico, o te irías a ver a un curandero sin titulación oficial? O dicho de otro modo, si tuvieras que publicar tu obra, creada con años de trabajo e infinito mimo, ¿te irías a una editorial o reunirías a un grupo de personas que controlan de los diferentes procesos de publicación?

Mi respuesta es que, por experiencia, los médicos se equivocan igual que todo el mundo. En Galicia tenemos la figura del compoñedor (una suerte de curandero muy respetado que te soluciona las lesiones con artes que no se enseñan en ninguna universidad) y, aunque son eficaces, seguro que a veces también fallan. Del mismo modo, en ocasiones las editoriales de rol sacan obras estupendas, y en otras fracasan y no logran dar forma a un proyecto, tal y como sucede con los autores independientes (mi primer intento de publicar Nexus en papel es un buen ejemplo de ello). Acabar magisterio en la universidad más prestigiosa del mundo no te convierte automáticamente en un profeta de la educación. Así que los títulos, los recursos y medios no son, en realidad, un certificado de calidad. De hecho, posiblemente tampoco son necesarios, sino simplemente convenientes (como diría Paco Jaén), porque desde luego un equipo con buena formación, conocimiento sobre los procesos de publicación o recursos económicos son algo importante para hacer realidad proyectos. Si no los tienes, habrás de moverte para saber, y encontrar gente que te ayude a superar los problemas.

No hay un camino de la profesionalidad y otro del aficionado, sino que en mi opinión ambos pueden llevar al éxito o al fracaso en función de tus decisiones. Insisto en que, desde mi punto de vista, uno se convierte en profesional en el momento en que hace las cosas bien. Más allá de esto, en los últimos tiempos propuestas muy interesantes han venido de autores que empiezan su camino, como por ejemplo la puesta en libre descarga y creación de una aplicación de su juego del equipo detrás de Espada Negra, o la presentación de un diseño que rompe moldes como Fall of Magic. Eso también es hacer las cosas bien, y de hecho supone importar algo esencial para el futuro de cualquier cosa: innovación.

En resumidas cuentas, para decir si un juego de rol es o no profesional solo sirve el resultado, aunque es bueno evaluar también el proceso (no sea que acabemos en políticas del tipo “el fin justifica los medios”). La afición es crítica y estricta, y separa el grano del trigo con habilidad. Y cuantos más autores independientes coexisten con proyectos editoriales complejos, más riqueza estamos generando si somos capaces de compartir lo que sabemos. Porque, como aficionado, cuando busco un buen juego de rol no me preocupa si viene de una editorial consagrada o de un completo desconocido: me informo sobre el proyecto, le echo un vistazo a las opiniones de la gente, y decido. Afortunadamente los juegos no vienen con un sello de profesionalidad garantizada en la portada, y eso es así porque le toca al consumidor juzgar. Por eso las editoriales unas veces perviven y crecen, y otras desaparecen, exactamente igual que sucede con los autores independientes: porque aunque la denominación de origen ayuda y garantiza ciertas cosas, no implica que un vino nos vaya a gustar. ¿O acaso el próximo juego de un autor independiente consagrado no podría ser un estrepitoso fracaso? Como digo, todo el mundo puede tener éxito, y todo el mundo puede equivocarse. No creo que existan, por tanto, dos mundos enfrentados en los que están los profesionales y los aficionados. Me inclino más a pensar en dos caras de una misma moneda: crear y publicar juegos de rol poniendo todo el tiempo, ganas y trabajo posible para intentar que el proyecto se gane un hueco en las estanterías o en el corazón de cualquier aficionado. Si eso se consigue, entonces seguro que más de uno estará de acuerdo conmigo en que se ha logrado un resultado que merece ser llamado profesional.

Jesús “Rolero” compagina su labor como impulsor de Rolero con su trabajo en sus propios juegos de rol, manteniendo al mismo tiempo una vida relativamente normal. O eso dice.

8 Responses

  1. Will of Steel 17/08/2015 / 11:01

    Buenas!!

    Ya te he comentado alguna vez que a mi estos temas no me interesan demasiado así que no voy a entrar a valorar la opinión que expresas, en la que por otro lado coincido en muchos puntos, solo quería decir que el símil con el médico y el curandero me parece de lo más desafortunado.

    No creo que se pueda hacer en absoluto ese paralelismo, y lo digo como profesional sanitario (profesional por título, conocimientos, actividad…y espero que por calidad). Los ámbitos que comparas son de los más distintos, y la profesionalidad en ambos campos tiene implicaciones extremadamente distintas. Por no hablar de que la diferencia entre un creador independiente y una editorial está a años luz, o más bien es algo completamente diferente, a la diferencia existente entre un médico y un curandero.

    No pretendo expresar ninguna ofensa ya que para nada me he sentido ofendido ni nada parecido, solo quería matizar ese punto porque me toca de cerca.

    Un saludo!

  2. Rolero 17/08/2015 / 11:09

    Buenas Will,

    La verdad es que volviendo a leer el artículo, sí que creo que puede dar lugar a mala interpretación el ejemplo. Lo que quería decir es que ser el referente en una cosa no implica automáticamente que vayas a tener razón: todo el mundo puede equivocarse o hacer las cosas mal, y por supuesto al revés. En ese sentido no quería incitar a la gente a irse a comprar hierbas aromáticas para tratar una enfermedad complicada, sino simplemente indicar que eso, el médico también puede equivocarse. Gracias por el matiz, la verdad es que hacía falta, ¡un abrazote!

  3. Edanna 17/08/2015 / 22:20

    Bastante de acuerdo. En mi opinión un trabajo o servicio profesional es el que tiene una calidad equiparable al de la media de un producto comercial, teniendo en cuenta que el producto comercial debe tener unos requisitos mínimos de calidad para que sea comercializable. Por eso, insisto, al de la media, ya que hay muchos grados de calidad.

    Interesante artículo Rolero. Pórtate bien. :)

  4. Rolero 18/08/2015 / 00:55

    Gracias Edanna, interesante la definición que le has aportado. Como siempre gracias por pasarte, prometo ser bueno!

  5. Néstor Solano Grima 18/08/2015 / 12:30

    Buenas!

    Pues para romper la tendencia, ésta vez estoy en desacuerdo. La diferencia entre un trabajo profesional y uno que no lo es, normalmente radica en el proceso que, bien ejecutado, desemboca en un trabajo de calidad.

    Un autor independiente, puede realizar una labor titánica y acabar haciendo un producto de igual o mayor calidad a uno profesional, mientras que un profesional del asunto (esto es, alguien que se dedica principalmente a ésta labor de creación/edición de juegos de rol) puede hacer trabajos de mala calidad si no ha ejecutado bien todos y cada uno de los pasos que ha de conocer por su profesión.

    Cuando por ejemplo tuviera que encargar un juego a alguien, al final es cuestión de confianza. Yo por ejemplo ahora mismo confiaría tanto en la Marca del Este como grupo creativo como en alguna editorial (alguna) porque ya han acometido con éxito varios productos y a fuerza de experiencia han acabado ganando “oficio” (ésto es, saber todos los componentes de su producto, todas las tareas tanto de edición como de producción etc.). Pero por ejemplo, si tuviese que confiar en un autor independiente y que sólo ha sacado un producto con éxito, preferiría contar con NoSoloRol por ejemplo, que ya han sacado un huevo de productos y cada vez van a más y sus productos si bien antes no me parecían la bomba, cada vez son más canela.

    Ojo, que no he visto absolutamente ningún producto de autor novel, ni siquiera los más exitosos (y he participado en varios crowdfundings, casi hasta podría ser uno de esos a los que llaman “los 400”), que según mi criterio pudieran llamarse profesionales, por detalles pequeños acababa notándose que empezaban en ésto.

    Pero lo que siempre digo, si uno quiere hacer oficio, por algo tiene que empezar ¿no?

    En resumen: cualquiera puede llegar a hacer un producto de calidad, depende de varias cosas, pero principalmente del tiempo que le dedica y en eso, un profesional tiene todas las de ganar, porque conoce todos los factores y procesos que componen el producto, minimiza tiempos de trabajo porque no tiene que gastar el mismo tiempo en formarse que alguien que no se dedica regularmente a ésto (aunque un profesional de ésto tiene que estar en continua formación). Con eso evitas imprevistos y además te aseguras (en base a la confianza que te dan otros trabajos suyos) que el control de calidad se ajusta a tu estándar (de nuevo, otro de los puntos flacos de los proyectos independientes, por mi experiencia).

    Saludetes!

  6. Rolero 18/08/2015 / 16:46

    Buenas Néstor!

    Pues yo creo que estamos muy de acuerdo en todo, de hecho releyendo tu comentario no acabo de ver la nota discordante. De todos modos, como siempre un placer leer tus reflexiones, ¡un abrazo crack!

  7. Efrén 24/08/2015 / 00:37

    Hola! Un artículo genial y muy bien hecho :) Gracias! No puedo estar más de acuerdo en todo. Tengo la impresión de que esas líneas divisorias y esas supuestas diferencias cualitativas no son tal, sino que son sólo a lo que estamos acostumbrados. Es la costumbre de quienes ni pinchan ni cortan, es la costumbre de los que leen y opinan, de los que juegan al rol, de los que escriben juegos en su tiempo libre y los financian de manera colectiva, y es la costumbre de quienes trabajan en una editorial. Pero ni los primeros están más abajo ni los últimos poseen el santo grial del asunto, y creo y espero que esa manera cuadriculada y estandarizada y regulada de ver el mundo cambie (cuanto antes), para hacer a creadores y consumidores libres ^^ Me parece que la comparación entre médicos y terapias “alternativas” es excelente y tristemente real (lo digo también con un título de profesional sanitario en el cajón). Y para terminar ya y poner otro símil sobre la mesa, me gustaría mencionar al gran maestro Paco de Lucía, que no sabía leer partituras 😉 De nuevo gracias por este artículo!

  8. Rolero 26/08/2015 / 22:42

    Genial el símil de Paco, realmente estamos de acuerdo en la lectura. ¡Diablos, a mis brazos! 😀 Gracias por pasarte!

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