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La piedra de Rosetta del rol

Es de sobra conocido el mito judeocristiano sobre la torre de Babel y el origen del despiporre idiomático humano; el tono del mismo apunta a la multiplicidad lingüística humana como una maldición más que como una bendición cultural. Es evidente que, por desgracia, muy a menudo las diversas lenguas actúan más como barreras que como puentes.

Pero sí que se pueden construir puentes, y viaductos, y autopistas: la piedra Rosetta es un ejemplo palmario de ello. El famoso artefacto se convirtió en la clave fundamental para descifrar los jeroglíficos egipcios al contener el mismo texto en egipcio demótico, griego clásico y los ya mencionados jeroglíficos; en aquella época y lugar, tres idiomas fundamentales por su importancia cultural.

Si pudiéramos emular la piedra Rosetta para aplicarla a los Juegos de Rol (JdR), ¿cuáles deberían ser los tres sistemas “llave”? Es decir, los que mejor representan la riqueza tanto de forma como de fondo de este tipo de juegos; los que nos sirven como puente entre unos y otros estilos y modos de entender este hecho cultural; los que traducen o adaptan las peculiaridades de un entramado de reglas y su modo de integrarse en un entorno o género.

El primer juego con el que te introduces en el proceloso mundo del rol te marca para siempre. Y como juego de rol, está formado por un sistema o conjunto de reglas, y por una ambientación o contexto: justo como un idioma. Dicho JdR se erige como la lengua materna con la que das tus primeros pasos en un código simbólico compartido, y marca a fuego tus conexiones neuronales y tu configuración cerebral. Adaptando el célebre adagio de Rilke, la verdadera patria de la persona rolera es su primer juego de rol.

En el mundo actual ya casi nadie está a salvo de la exposición a otros idiomas, sobre todo los que se imponen a la fuerza debido a su poderío cultural o económico. Aún más; incluso las personas que no hablan un segundo idioma conocen palabras y expresiones de al menos otro idioma, tanto por los préstamos lingüísticos como por la descarada intrusión de dicho idioma a través de los medios (televisión, música, internet).

De igual modo, muy poca gente se limita a jugar a un único JdR; durante la vida media de una persona aficionada a dichos juegos, se ven bombardeados por múltiples sistemas y ambientaciones, que normalmente se presentan muy juntas y muy revueltas. Es innegable la influencia de unos JdR sobre otros, el “préstamo” de ideas cuando no la copia descarada o por describirlo de una manera más amable, la “polinización cruzada”. Y aunque ha habido y habrá nobles y heroicos intentos por desvestir a un conjunto de reglas de contexto alguno y así poder tornarse en un esperanto rolero, la mayoría de los JdR de nuestro Olimpo particular son los que se refieren a mundos, géneros y ambientaciones específicas.

El primer juego con el que te introduces en el proceloso mundo del rol te marca para siempre. Y como juego de rol, está formado por un sistema o conjunto de reglas, y por una ambientación o contexto: justo como un idioma.

Mi primer JdR fue El señor de los anillos (SdlA), e inmediatamente después y por evolución natural, Rolemaster. Recuerdo perfectamente las últimas páginas de algunos suplementos del SdlA, en particular el que versaba sobre Lórien, en las que se ofrecía la posibilidad de adaptar el contenido del mismo a otros sistemas (en este caso, Dungeons&Dragons y Runequest). Como joven que era y entregado a mi afición como estaba, durante un tiempo me volqué en un sistema y le fui tremendamente fiel, casi bordeando el fanatismo. Pero con el tiempo regresé a esas páginas postreras y la sana curiosidad me invadió, impeliéndome a una infidelidad sana y desmedida.

De esta forma descubrí que, más allá de los diferentes “sabores” de cada JdR, deudores de su herencia literaria o cinematográfica, y de las huestes que conseguían congregar, cada una con sus marcas distintivas, había un entramado que abordaba la difícil tarea de emular la realidad (o la irrealidad), priorizando o eliminando ciertos aspectos según el autor o autores consideraran oportuno. Sistemas narrativos, sistemas con reglas para el combate táctico escrupulosamente delineadas, sistemas enfocados en la creación de mundos compartidos, sistemas pensados para no requerir casi preparación previa, sistemas cuyas reglas caben en un folio por las dos caras, etc…

By © Hans Hillewaert, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3153928

Hay idiomas con una sonoridad especial como el francés, o ideales para rimar como el inglés, o con una caligrafía bellísima como el chino o el japonés, o con una expresividad exquisita como el castellano, sobre todo aplicada al insulto. ¿Qué nos impide jugar con Dungeons&Dragons una campaña repleta de intrigas políticas y diplomacia, donde interpretemos casas nobles o gremios? ¿O una serie de aventuras en Vampiro centradas en combates tácticos cada vez más enrevesados al estilo John Woo? ¿O una narración compartida en el infinito universo de Traveller? Nada, pero una canción rock no sonará igual en italiano, una frase seductora quizá lo será un poco menos en alemán y una arenga con la que encender a un grupo de gente quedará desvaída en tailandés.

Las lenguas evolucionan, mutan, aparecen y desaparecen. Es imposible predecir cómo nos comunicaremos en el futuro, ya que los códigos y medios no paran de avanzar y cambiar. Las variadas academias de las lenguas (como la de la lengua española) se ven desbordadas por la vitalidad de los idiomas y los insólitos usos que de ellos hacen los hablantes. Esto es totalmente aplicable a los JdR: tras la “época dorada” cuando surgieron, y una etapa más sombría y acallada, vivimos una era de creatividad sin límites, de “democratización” de medios, ideal para que cualquier persona pueda crear y compartir sus materiales roleros sin más limitación que el público que pueda recibirlos. En este horno de atanor se han cocinado propuestas valientes y radicalmente distintas al concepto de rol que teníamos hace cinco años escasos.

Con su corta historia, los JdR han demostrado que aún queda mucho por decir en cuanto a sistemas de juego, ambientaciones y la manera en que ambas se entrelazan. Siendo como son un lenguaje, uno tremendamente joven (unos cuarenta años), que ha evolucionado y mutado a un ritmo vertiginoso, y que en este siglo XXI se enfrenta a numerosos retos, entre ellos su difusión y, por qué no, su supervivencia. Porque nunca lo olvidemos, un lenguaje son ante todo sus hablantes.

Dejadme terminar compartiendo mi piedra Rosetta rolera particular: para mí contendría Dungeons&Dragons,  Runequest y FATE. ¿Cuál sería la vuestra?

Jugador, director e incluso a veces escritor de rol. Orgulloso miembro de la editorial Other Selves. Por lo demás, señor de reputación intachable

6 Responses

    • josemasaga 20/09/2016 / 15:53

      ¡Una entrada la tuya imprescindible, compañero!

  1. Cronista 20/09/2016 / 16:32

    Creo que los míos serían RuneQuest (sorprendente, lo sé), D&D y, para el tercer puesto, creo que Vampiro.

    Creo que para la inmensa mayoría de quienes jugamos a rol es cierto lo que dices. Podemos tener un juego favorito, al que más tiempo dedicamos. Pero eso no significa que no podamos variar en ocasiones, buscando estilos diferentes aunque solo sea en contadas ocasiones.

    Dicho lo anterior, tampoco pienso que sea como para llevarlo al otro extremo, como a veces ocurre. Siguiendo la analogía que propones, se podría extrapolar que sólo se puede componer poesía o canciones en inglés, insultar en castellano, o escribir con los caracteres que utilizan lenguas como el chino o el japones, cuando sabemos perfectamente que ese no es el caso. Cada lengua acaba defendiéndose bastante bien en cada uno de esos campos por sí misma.

    • josemasaga 20/09/2016 / 17:45

      Totalmente de acuerdo. Aunque conozco grupos de juego que solo juegan a un juego (durante años y años) creo que en la actualidad la “dieta” es mucho más omnívora. O de nuevo, para utilizar el símil, somos bastante políglotas.

      ¡Gracias por compartir tu piedra Rosetta!

  2. Michel Cárdenas 30/09/2016 / 17:22

    Por mi parte debido a la poca difusión del rol en mi país (Perú) prácticamente he jugado D&D en mesa.

    Ya después y con los nuevos medios electrónicos he jugado FIASCO, una adaptación de los mitos de Lovecraft en XD6 y Nexus.

    Tengo ganas de probar más mitos Lovecraftianos, Fate y Paranoia.

    Pero el resumen de mi piedra Rosetta serían D&D (que me marcó) y Fiasco por el tono jocoso que puede llegar a tener.

    • josemasaga 30/09/2016 / 17:44

      Fíjate, y algunos de nosotros (muchos, por lo que tengo entendido) en España con decenas de clubes y jornadas, y no tenemos tiempo suficiente…

      ¡Gracias por compartir, Michel, y larga vida al rol en Perú!

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