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La Ideología del Rol

Hace ya unas cuantas semanas, se hizo en el barrio donde vivo un acto en el que las tiendas y establecimientos del mismo pusieron sus productos y servicios en una feria en la calle comercial principal. Se trata de una de esas iniciativas para fomentar el comercio local del barrio y crear un poco de comunidad en una zona que con el tiempo se ha acabado por convertir en un barrio dormitorio dentro de una ciudad dormitorio.

El caso es que la asociación de vecinos con la que colaboro también decidió poner su pequeño stand para darse a conocer más a los vecinos y a un servidor le tocó cubrir el turno del mediodía. Compartí ese turno con M, una compañera de la asociación con la que tuve una larga conversación, un buen método para combatir el calor infernal potenciado por una carpa de plástico que hacía un sofocante efecto invernadero.

Dicha conversación es de esas que corren entre temas y pasa por lugares impensables y muy distantes entre ellos. Pero entre la política, la estatal y la municipal, las utopías y las formas de vivir los ideales de uno mismo, hubo un tema que abrió la caja de Pandora, que empezó con este recorrido por la historia y la mente humanas: el rol.

Me refiero a si se podría usar un juego de rol para transmitir una idea en concreto, para adoctrinar.

M es una profana de los mundos roleros. Jamás ha jugado y de hecho no conoce su mecánica con demasiada profundidad, pero al ver que encima de la mesa tenía mi llamativo manual de Aquelarre no dudó en preguntar y saciar esa curiosidad. Lo hizo desde la humildad del que no conoce y dispuesta a escuchar a alguien más o menos entendido, sin dejarse ensuciar por esas leyendas negras que todavía corren en nuestros años.

Le hablé de todas las grandes virtudes de los juegos de rol como el desarrollo de la imaginación, la empatía, la agilidad mental, el fomento del trabajo en equipo y lo inmensamente divertidos que son. Y entonces ella hizo un planteamiento que me dejó en estado pensativo:

-¿Pueden los juegos de rol usarse para transmitir ideas o conductas concretas?

Le contesté que claro, pueden usarse para fomentar una serie de conductas como la empatía a los demás, no juzgar sin conocer historias ni motivos, saber valorar y apreciar las capacidades de todos y sus aportaciones, incluso las propias, y una lista con las que en ese momento fui capaz de recordar. Pero entonces ella profundizó algo más:

– No, me refiero a si se podría usar un juego de rol para transmitir una idea en concreto, para adoctrinar.

Ese planteamiento me hizo pararme de verdad. Lo cierto es que hasta ese momento jamás me había planteado algo así, que un juego de rol pudiera usarse para implantar una forma de pensar, una forma de vida más allá de los habituales beneficios. Le contesté que sí, claro. Si alguien con la suficiente habilidad se lo planteaba, sí, podría usar una partida de rol para hacer llegar un mensaje ideológico a sus jugadores.

Me preguntó si se hacía, a lo que respondí que me imaginaba que sí, que más de uno y de dos se habrían dado cuenta de ese potencial y lo habrían llevado a cabo, pero no es algo que me constara que estuviera muy extendido.

Es más eficaz fomentar el espíritu crítico y generar ejemplo, y dejar que sea cada persona que decida con qué se queda y qué rechaza. Es lento, muy lento, pero en ese sentido, el avance es firme y sobretodo más honesto y justo.

Entonces me planteó si yo no podría hacerlo. Habíamos hablado ya de formas de pensar y de ver el mundo, y lo cierto es que tengo una manera de ver la vida y el mundo de un carácter muy libertario (que no liberal, Dios nos libre) y a ella le habían parecido interesantes algunos planteamientos que había sacado sobre la libertad del individuo y del colectivo. Pensé la respuesta. Podría haber contestado algo estilo participante para Miss España, pero entendía que el tema era lo suficientemente profundo como para responder con sinceridad y tras haberlo meditado. Al fin contesté:

– Sí, podría hacerlo. Podría usar mis partidas para implantar esas ideas de libertad y respeto que estado promulgando hace un rato, pero no lo haré por dos motivos. El primero es porque resulta una contradicción que hable de libertad y respeto e intente usar una herramienta como el rol para precisamente atentar contra esos dos conceptos siendo nada honesto con mis jugadores (algo que me parece una falta de respeto muy grande en una mesa de rol). El segundo es el mismo motivo por el que te estoy hablando de rol. No pretendo darte a conocer este hobby para que lo practiques y tenerte cada semana sentada en mesa dispuesta a combatir demonios, monstruos cósmicos o conspiraciones palaciegas, pretendo que conozcas el rol para que cuando tomes una decisión respecto a él, sepas respecto a qué estás decidiendo. No busco que te aficiones al rol, busco que si lo aceptas o lo rechazas, sepas a qué le dices que sí o que no, y no te dejes llevar por convencimientos salidos de propagandas varias. Con la ideología sucede lo mismo. Convencer a alguien de algo no tiene resultados duraderos, ya que si viene alguien con argumentos mejor expuestos, se llevará el gato al agua. Es más eficaz fomentar el espíritu crítico y generar ejemplo, y dejar que sea cada persona que decida con qué se queda y qué rechaza. Es lento, muy lento, pero en ese sentido, el avance es firme y sobretodo más honesto y justo.

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Esa respuesta generó más temas de conversación que ya se nos van mucho del tema central de este post, pero M coincidió con ese planteamiento y que era el proceder más sensato. Y lo cierto es que cuando dirijo una partida de rol, espero que mis jugadores se vayan con algo más que con unas horas entretenidas a casa, y no hablo de una idea o un modo de pensar, sino de un pensamiento en sí. Los juegos de rol son una herramienta muy poderosa tanto a nivel lúdico como cultural y social y usados con honestidad pueden ser más que una mera forma de pasar una tarde a la semana.

Como reflexión final confesaré que aún a día de hoy estoy convencido de que ese planteamiento que hizo M y que desencadenó esa reflexión era en parte premeditado y un modo de ponerme a prueba, pero por ahora solo son conjeturas. Seguiremos investigando.

Creando y creciendo escribiendo. El terror me persigue y alimenta tanto como los juegos de rol. Alguien me llamó teórico lovecraftiano. Exageran.

4 Responses

  1. Justo Molina Ramírez 12/08/2015 / 16:00

    Hay muchos juegos de rol con un alto contenido de reflexión político-social (Paranoia, Espada Negra, Eclipse Phase…) y otros donde pueden aparecer temas controvertidos (racismo en los años 20, machismo en el Siglo de Oro…), además de que al interpretar a ciertos personajes la reflexión es obligada (un sicario, un abogado sin escrúpulos, un político corrupto…). Si además te gusta como a mí poner decisiones morales siempre en tus partidas, es cóctel está servido…

  2. Axel Castilla 13/08/2015 / 11:01

    Bien puede ser que la pregunta “¿se puede adoctrinar con el rol?”, fuera simplemente en la línea de los chismes e historias morbosas en torno al rol.

    Es decir, pudo tratarse de preguntar “si es posible lavar el cerebro a la peña mediante el juego”, como si fuese especial en tal sentido; una de esas “supersticiosas” formas de reincidir en “la peligrosidad del rol”.

    Pienso que una respuesta lisa, llana y al corazón de la cuestión, habría podido ser: “. . . adoctrinar, sí, o sea no, claro, es decir, igual que la tele, la radio, los cómics, las conversaciones entre amigos, la educación, o Internet . . .”

    Esa actitud de poner tintes “sectarios” donde no los hay fue comentada, por ejemplo en: “¿Por que la gente compara a los roleros como grupos de sectarios?” (http://goo.gl/97A99o)

  3. Gica Sabinescu 17/08/2015 / 12:44

    Claro que se puede adoctrinar mediante los juegos de rol. Transmitir ideas cuando juegas a rol es inevitable, como lo es símplemente al entablar una conversación o dando tu opinión sobre cualquier asunto, por lo tanto se podría utilizar como instrumento para adoctrinar. Otra cosa es que nos parezca bien.

    Para empezar, la mayoría de los juegos suelen establecer un antagonismo entre los buenos y los malos (definiendo con variables grados de claridad quienes son unos y otros) que desemboca en una lucha en la cual los personajes pueden o no tomar partido. Es más, algunos juegos de rol vienen de serie con ciertas ideas “implantadas” (otra cosa es el matiz que tú les quieras dar), como por ejemplo en Hombre Lobo: las empresas son malvadas y quieren destruír el planeta (resumiendo muchísimo todo su trasfondo, claro está).

    Creo que fue Thomas Mann el que dijo eso de “Todo es política”. Cualquier herramienta que se te ocurra valdría para ello. El rol también. Pero no se debería hacer, por las mismas razones que expones.

    Un artículo interesante, la verdad :)

  4. Fran6 18/08/2015 / 17:22

    Gracias por este magnífico artículo, pues creo que puede suscitar, al menos así lo ha hecho en mí, otros debates sobre formas de comunicación y enseñanza (por no poner una palabra tan dura como adoctrinamiento, aunque en ocasiones ese sea el caso).

    Desde luego, considero que es el propio individuo quien decide (según su grado de libertad y capacidad) como enfocar sus partidas, al igual que su forma de relacionarse con su entorno cotidiano, e incluso uno mismo.

    Por mi parte, y Dios mediante, espero poder seguir aprendiendo a fomentar el respeto y espíritu crítico en aquellos que me rodean, y por supuesto en mí mismo, ya sea en el rol, hablando con mi mujer, o al bajar la basura y cruzarme con un vecino.

    Soy consciente que algunas de mis palabras son fácilmente malinterpretables, pero es el precio a pagar por escribir y no poder contar con mi interlocutor delante. Sin embargo, quiero recalcar que estas pocas frases os aseguro que surgen desde la gratitud y no voy a esconder, cierta sorpresa, de leer artículos así de honestos e interesantes, GRACIAS.

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