Cantera

La cantera desaprovechada

 Antes de empezar, este artículo va para Elena, que siempre ha sabido hacer sentir mi hogar todo espacio compartido con ella, en la cercanía y en la distancia. Haces que me sienta allí, aunque no vuelva a pisarlo.

Soy jugador de rol desde los 14 años, pero la actividad más intensa la tengo desde que soy máster, hace ahora algo más de cinco años. Desde que abrí ese tarro, nunca lo he vuelto a poder tapar, aunque lo cierto es que nunca lo he intentado con muchas ganas.

Disfruto mucho dirigiendo, más que jugando. Hace cosa de dos años ingresé en un ambiente y entorno que, de entrada, cualquier rolero podría tener en su lista de deseos: jugadores incansables, másters con años de experiencia y niveles profesionales de narración, contactos directos con el mundillo de las editoriales y, sobre todo, lo que más valoro yo: aprendizaje.

Durante los meses que me moví por esos círculos, aprendí mucho sobre jugar, sobre dirigir, sobre sistemas, sobre tramas, sobre ambientaciones, sobre técnicas de creación, sobre interpretación, sobre el mundo del rol a muchos niveles. Ese fue precisamente uno de los principales motivos por los que empecé a meterme en una de las mecas del rol en este país: el mundo de las jornadas roleras. Y no dejé de aprender. Aprendí que hay una gran cantidad de gente en el mundo del rol y que crece año a año. Aprendí que la creación de rol era un mundo mucho mayor y mucho más al alcance de la mano de los mundanos de lo que yo pensaba. Pero también aprendí que no es oro todo lo que brilla. Descubrí mentes muy cerradas. Desde fanáticos de sistemas y juegos, hasta divas que se creen moralmente superiores al resto porque en su rol no intervienen dados. Gente que usa los juegos interpretativos para sacar beneficio personal de tantas maneras, que algunas creo que ni las conocía.

Como dice mi madre: “gente mal intencionada hay en todas partes” (mi padre dice algo similar, pero con una palabra algo más contundente), y en el mundo del rol no iba a ser menos. No somos seres superiores por ser roleros (bueno, algunos sí, pero no viene al caso ahora tampoco). Una de las cosas que descubrí y que a día de hoy aún me preocupa es la evolución que algunas jornadas de rol van siguiendo año tras año. Centrándome en el ámbito de las partidas de rol de mesa (no tengo ni la experiencia, ni el conocimiento ni tampoco el interés suficientes como para cometer la desfachatez de profundizar en otras formas de rol), en algunas jornadas, algunas de ellas francamente grandes, se ha visto como el espacio para partidas de rol de mesa ha sido ocupado por editoriales, llegando a barrer las partidas traídas por particulares. Considero esta tendencia potencialmente negativa. El mundo del rol no se nutre de las editoriales, sino de los jugadores y de los creadores, al margen de si sus creaciones llevan o no un sello en una de las portadas. Pensar que las editoriales son las que construyen el mundo del rol es como creer que los empresarios son los que generan trabajo: una falacia. Son la gente que lleva años dirigiendo a sus grupos de amigos, las personas que acaban de empezar a explorar el mundo de la creación y narración de partidas y van a sus mesas con cara de terror y haciendo cuenta mental para asegurarse de que llevan todo lo que van a necesitar para dirigir. Puede parecer una evidencia muy absurda, pero lo cierto es que los roleros hacen el rol.

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Parece que no todo el mundo comprende esta evidencia, como por ejemplo las personas que forman parte de la organización de algunas jornadas de rol. Que no se interpreten mal mis palabras, reconozco con mucha admiración la labor que supone organizar esta clase de eventos, en especial los que tienen cierta envergadura, pero que lo reconozca no implica que esté de acuerdo con todos los modos de proceder o con la tendencia que pueda coger un evento. Cuantas más partidas ocupen las editoriales, menos margen tienen másters amateur para darse a conocer, para probar sus partidas y sus sistemas, para aprender de jugadores y jugadoras desconocidos y desconocidas, pero sobre todo limita mucho la experiencia socializadora que supone el jugar a juegos de rol.

Algunos pueden pensar: “vale, sí, pero las editoriales tienen una serie de recursos que no tienen las personas particulares y, además, son los creadores de algunos de los juegos que editan o tienen a sus creadores cerca, por lo que pueden ofrecer una experiencia mucho más completa en sus partidas”. En parte eso es cierto. Las editoriales tienen más poder material que la casi totalidad de las directoras y los directores de partidas y acumulan más experiencia, y sus partidas deberían ser más elaboradas, complejas y completas, o eso nos dicta la lógica, ¿verdad? Pues por desgracia, del papel a la práctica hay un trecho importante. Es cierto que las partidas que traen algunas editoriales a las jornadas de rol suelen contar con un nivel material nada despreciable, pero la complejidad de estas partidas es algo más discutible. No cuento con una dilatada experiencia en jornadas en el tiempo, aunque han sido meses bien aprovechados en ese sentido, y las no pocas partidas de editorial que he presenciado, han sufrido prácticamente todas de la misma carencia: estaban poco elaboradas, ya fuera en el guión o en su ejecución en mesa. Al principio pensaba que tenía muy mala suerte al pillar siempre partidas que no despertaban mucho interés entre los jugadores, pero entonces me puse a hablar con más gente rolera y me di cuenta que eso suponía más una tendencia de lo que yo imaginaba.

Descubrí con decepción y tristeza que la mayoría de las partidas que apadrinaban las editoriales eran más bien una muestra de prueba del juego que una partida con todas sus letras.

Precisamente eso hace tan peligrosa la tendencia de ceder las partidas de rol de mesa a las editoriales en detrimento de las partidas de particulares. No solo se corta las alas a futuros valores de la creación de partidas, sino que en muchos casos, son sustituidos por partidas que parecen estar para llenar una mesa y presentar un juego o un sistema. Conociendo la mentalidad de algunas de las editoriales, me sorprende que esto se haya mantenido durante tanto tiempo y seguramente, mientras escribo estas palabras, ya están poniendo remedio, pero aun siendo así, es algo que merece ponerse sobre la mesa.

Personalmente, creo que la solución reside en permitir que las y los particulares recuperen terreno en las jornadas de rol donde lo están perdiendo de forma tan alarmante, y al mismo tiempo, que las editoriales observen a esas y esos másters y se haga un trabajo en conjunto para lograr abrir las alas de unos y ofrecer partidas al nivel de los grandes juegos que crean los otros. Como es tan evidente, puede rozar lo absurdo: el rol lo hacen las y los que rolean.

Creando y creciendo escribiendo. El terror me persigue y alimenta tanto como los juegos de rol. Alguien me llamó teórico lovecraftiano. Exageran.

3 Responses

  1. Britait 27/10/2016 / 12:51

    coincido al 1000% con este texto

    yo he llegado al extremo de presentar mi partida como la partida del juego tal de moda, aunque del juego solo pusiera el libro delante y ni usara el sistema ni la ambientación, para que me aceptasen una partida en unas jornadas

  2. Ricardo Dorda 27/10/2016 / 14:02

    Yo estoy muy en desacuerdo con este artículo. Mi experiencia no encaja en absoluto con lo que comenta él. No voy tanto de jornadas como antes pero aún así:
    – En las jornadas pequeñas, es raro ver a ninguna editorial. Como mucho, gente afín o del propio club que han querido montar alguna partida de juegos de esa editorial a cambio de material. Pero son la gente del propio club o asociación.
    – En las jornadas grandes (TdN y LES es lo que yo conozco por acudir asiduamente) la proporción entre mesas de editoriales y mesas de particulares es bastante pequeña. Vamos, sin ir más lejos, en las LES había 1 o 2 mesas por stand de editorial, que con 3 presentes (Nosolorol, Holocubierta y Sombra) eran un total de 6 mesas. De rol había del orden de 30 mesas si no recuerdo mal.
    No veo una avalancha de partidas de editorial por ningún lado. Por supuesto, no niego su experiencia personal. Sencillamente, pongo sobre la mesa mi experiencia para que conste que hay un sesgo de percepción a tener en cuenta.

    Por otro lado, se habla de las partidas de los particulares como si fueran la panacea. En una partida de una tarde, con 4 horas y (habitualmente) mucho ruido, se puede jugar a lo que se puede jugar, seas editorial o particular. Yo en jornadas he podido dirigir o jugar aprtidas extraordinarias, muy largas, elaboradas y con complejidad. Pero puedo contarlas con los dedos de una mano después de 15 años de jornadas.

    Se dice que hay malos directores o poco entusiasmo entre los que dirijen para editoriales… ¿y no los hay acaso entre los que dirigen por su cuenta? Hay gente de clubes que hacen partida de juegos por rellenar mesas y el entusiasmo o la preparación no les sobra precisamente. Hay particulares que vienen con un juego propio, cuya explicación dura más que la partida. Hay particulares que dirigen con un estilo muy propio, sin adaptarlo en absoluto al contexto de gente desconocida jugando una partida “corta” en unas jornadas. En resumen, por ser partida de editorial yo no espero que la partida sea extraordinariamente mejor, porque gente manca la hay en todos lados, y directores extraordinarios también… pero eso, son extraordinarios. No podemos esperar que todo el mundo que se anima a dirigir juegos de una editorial, sean extraordinarios.

    A mí las partidas de editoriales me parecen no solo positivas, sino incluso necesarias. Mucha gente acude a las jornadas a probar cosas nuevas y agradecen enormemente que haya partidas de tal o cual juego, que lleva poco tiempo en el mercado, que está pensando en pillarse, pero que no ha podido jugarlo aún porque nadie de su entorno se lo ha pillado todavía. Hay gente que le apetece probar un juego con su autor, no porque sea un director “estrella”, sino simplemente por ver cómo entiende él el juego.

    Pensemos también en que las editoriales presentan sus partidas como podrían presentarlas cualquier particular, con la única diferencia de que tienen “un espacio reservado”. Un espacio que han pagado con publicidad del evento y con material gratis para sorteos o para el club que lo organiza. No seamos hipócritas al respecto: las asociaciones quieren el apoyo de las editoriales y lo piden. No creo que sea una locura esperar reservar una parte de ese espacio para quienes te están apoyando. Como no es una locura reservar algunas mesas para amigos que sabes que son directores de la leche, para miembros del club, o para colegas del otro club que ha echado una mano.

    Se habla de las editoriales como malvados conglomerados que abusan de los pobres roleros… las editoriales, al menos las que conozco más de cerca, están llevadas por frikis y para frikis. En muchos casos, sus directores son miembros de la editorial que presentan sus partidas (muchas veces de sus juegos), como cualquier particular. En otros muchos casos, sencillamente es gente afina la editorial que deciden dirigir partidas de los juegos que les molan de la editorial, por hacer un favor a sus colegas, por ganar adeptos para el juego que tanto les gusta o por ganar visibilidad de cara a que la gente se apunte.

    Y por último, voy a hablar de esa cantera… Las jornadas dan visibilidad, dan a conocer el mundillo en todas sus formas. Pero dónde de verdad se desarrolla la cantera es en los clubes de rol. Ahí es donde la gente novel aprende más y dónde encuentra gente afín (en las jornadas son desconocidos que no tienen porque jugar de una forma que resulte cómoda). Así que decir que es culpa de las editoriales que la cantera se eche a perder me parece sencillamente una afirmación por completo irreal. Un máster no se hace en una partida de una tarde, ni un juego propio se testea en una única sesión de jornadas. Y si uno es de una asociación que monta unas jornadas y quiere dirigir algo y no puede, me parece que igual el problema no es de las editoriales, sino de cómo lo ha organizado el club.

    Ahora, expuestos mis argumentos, voy a explicar por qué me he molestado en escribir este tocho:
    Yo he estado organizando jornadas, grandes y pequeñas, muchos años. He dirigido como organizador, pero también como asistente. Y desde hace tiempo, también dirijo partidas de editorial… pero no trabajo para ninguna editorial. Lo hago por amistad con la editorial pero no dirijo cualquier cosa, dirijo lo que domino y me mola. Dirijo cosas que, si no conociera a nadie de la editorial, probablemente también dirigiría de todas formas. Además, dirijo cosas que me he escrito yo. Y me consta que no soy el único. Así que, el hecho de que me metan en un saco de “editoriales malignas” como si yo mismo no fuera un rolero deseando compartir afición, me resulta casi ofensivo. No llega a lo ofensivo porque me parece fruto de una visión limitada, en perspectiva, pero también a la hora de clasificarlo todo en “blancos” y “negros”.

  3. Ignacio Muñiz 27/10/2016 / 17:21

    Iba a escribir una respuesta algo larga. Por suerte Ricardo Dorda ha puesto más o menos lo que yo quería decir :)
    No comparto en este caso tu opinión Miquel 😉

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