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Contrato social: niños pequeños

Una de las cosas que un grupo de juego necesita para jugar a rol es un espacio tranquilo para desarrollar la sesión.

La tranquilidad es algo relativo, algo que cada grupo de juego definirá de una forma similar pero con matices diferentes, ya que las necesidades y prioridades de cada grupo serán distintas. Para unos la tranquilidad debe ser absoluta, de manera que los participantes de la sesión logren alcanzar una  inmersión adecuada. Para otros, la tranquilidad es un espacio relativamente silencioso donde sea posible la comunicación entre los jugadores.

No siempre es posible encontrar ese espacio tranquilo que consideramos adecuado para jugar, pero encontrar ese espacio puede complicarse con la llegada de los hijos.

Los niños, y más si son pequeños, ríen y lloran escandalosamente, hacen ruidos, se mueven constantemente, gritan inesperadamente, llaman incesantemente a sus progenitores, tocan los dados y otros componentes de juego situados encima de la mesa, etcétera. En pocas palabras, donde hay uno o más niños, es muy posible que no podamos encontrar esa tranquilidad deseada para jugar. Y ello crea un dilema.

Los jugadores con hijos que intentan seguir con “normalidad” esta afición, o aquellos que tienen amigos con hijos, pueden encontrarse que ese espacio tranquilo donde antes jugaban ya no resulta adecuado. ¿Qué podemos hacer en esas situaciones?

Hay gente que tras tener uno o más hijos dejan de jugar, mientras que otros limitan la cantidad de partidas que juegan. Si ambos progenitores son jugadores de rol, pueden alternarse la asistencia a las sesiones o pueden hablar con el resto de jugadores sobre la posibilidad de tener al niño “pululando” en torno a la mesa de juego.

Hay grupos que aceptan renunciar a ese espacio tranquilo adecuado para el juego para que sus amigos puedan seguir jugando, dentro de unos límites lógicos. Al menos acceden a probar si es posible jugar o no con el niño presente. Otros sencillamente no se plantean la opción. Para ellos ese espacio tranquilo es imprescindible.

Que el niño va a “molestar” a los participantes de la sesión es indudable, y también que el padre o madre estarán levantándose constantemente ante la llamada de su hijo que necesita atención. Eso si el niño no coge confianza con el resto de jugadores y se lo pide también a ellos.

Pero hay grupos de juego que no están dispuestos a renunciar a ese espacio adecuado para jugar o que tras probar algunas sesiones de juego, se ha demostrado que es inviable jugar a rol porque el niño imposibilita esa tranquilidad que la mesa de juego necesita para el desarrollo de la sesión. Si jugar con nuestro grupo de juego habitual no es posible, nos encontramos que debemos abandonar temporalmente las sesiones o buscar otra solución. ¿Existen alternativas en estos casos?

Dejar al niño con unos parientes puede ser una solución si tenemos a quien dejar al niño. Abuelos o tíos suelen ser lo más recurrido. Si son varios los jugadores que tienen hijos de edades similares, pueden reunirlos en una habitación para que jueguen entre sí tratando de encontrar esa paz necesaria para las sesiones de rol. Esta opción puede ser una bomba de relojería si los niños se estimulan demasiado entre ellos y la algarabía que montan causa mayores molestias que si hubiera un solo niño. Otra posibilidad es jugar de noche. Reunirse en casa de los padres del niño tras cenar y que cuando el niño se quede dormido, comience la sesión de juego. Posibilidades para tratar de seguir jugando a rol tras haber tenido niños hay, pero, es factible que nada de lo que hagamos nos facilite la posibilidad de que las sesiones sean posibles.

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Foto de Diacritica CC BY-SA 3.0

En la Guía del Dungeon Master de la quinta edición de Dungeons & Dragons, comentan la posibilidad de contratar a una niñera para que esta cuide de los niños durante las horas que dure la partida. Puede parecer un tanto exagerado o al menos, resultar extraña la opción. Es posible que eso de contratar a una niñera quede muy lejos de nuestra sociedad y más cercano de la ficción creada en las películas de Hollywood. Pero lo cierto es que la posibilidad está ahí.

Las diferentes medidas que tomemos para continuar las sesiones de juego dependerán de los recursos y posibilidades que poseamos. Para tomar las decisiones adecuadas, los componentes de la mesa de juego deberían empatizar con el resto para conseguir un consenso con el que el grupo quede satisfecho. Si el grupo de juego se conoce bien será más fácil saber qué medidas se pueden tomar y cuáles no. Esto incluye que los jugadores con niños que quieren jugar, piensen en cómo sería posible no causar excesivas molestias a los otros jugadores y que los jugadores sin niños que quieren seguir jugando tranquilos, sean conscientes que según su decisión es posible que uno o más miembros de la mesa no pueda continuar las sesiones.

Como cada mesa juega en condiciones diferentes y las necesidades de cada grupo son diversas no es posible hablar de cuál es la mejor opción para solucionar este asunto. Hay quien juega en bares con el posible ruido que jugar en un lugar así conlleva. Hay grupos de juego que juegan en clubes, a menudo al mismo tiempo que otras partidas de rol o juegos de mesa y con el barullo que varios grupos de juego crean a la vez. Hay grupos que juegan en casas privadas o centros cívicos buscando la paz absoluta de manera que puedan conseguir la inmersión que ellos creen necesaria, etcétera. Aquello que busque el grupo y que crean adecuado para seguir sus partidas marcará el punto de inflexión para decidir qué es lo que molesta y qué no. A menudo, varias mesas de juego al mismo tiempo crean más ruido que uno o dos niños jugando. Pero también es posible que con el tiempo y la edad nos volvamos más sibaritas con aquello que consideramos imprescindible para jugar a rol.

Una vez que los niños entran dentro de la ecuación que debemos tener en cuenta para asistir a las partidas de rol, todo se complica. Esto no significa que las sesiones de juego no se puedan continuar, pero indudablemente debemos tener en cuenta más cosas que el tiempo libre para hacerlo. Cosas como pensar en el malestar que los niños pueden crear al resto de jugadores o la consideración de sacrificar el espacio perfecto de juego a favor de que nuestros amigos puedan continuar con la afición. La empatía y conocer al resto de jugadores será fundamental para sobrellevar o aplicar soluciones a esta dificultad añadida.

Jugador de rol desde los 13 años, y electricista de profesión, así que soy algo así como un Electricista aventurero.

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